Mykonos, la isla del viento

– Puerto Viejo de Hora. Mykonos. Grecia –

 

Primera hora de una tarde tórrida de Agosto. Por el viejo puerto de Mykonos sólo transita un grupo de niños juguetones, que alborozados desafían al sol. El mercadillo ambulante de la mañana ha dejado un fuerte rastro de olor a pescado. En la lejanía se escuchan las apasionadas chácharas de los lugareños durante la timba del domingo. Pero de forma repentina el rugiente meltemi hace acto de presencia. Este viento que inunda calles y que agita aspas de molino, es un actor omnipresente en el Egeo. En la capital Hora, salvo el paso del meltemi, todo es muy distinto a lo que fue hace seis décadas.

A este islote que un día fue paraje indómito, arribaron en los lejanos años 60 lo más sofisticado de la “yet elite”. A la cabeza los míticos Onassis y Jaqueline. Su estancia en la isla provocó un particular “efecto llamada” sobre los aristócratas, empresarios y  celebrities más famosos del momento. La metamorfosis de Mykonos ya fue irremediable. Luego vinieron los desinhibidos hippies, los artistas extravagantes, y finalmente los turistas mainstream. Fue entonces cuando las humildes viviendas se convirtieron en apartamentos turísticos y las tabernas mutaron en discobares.

Pero el encanto de Mykonos sobrevivió;  a día de hoy su capital Hora conserva todo el espíritu de las islas Cícladas. Salpicada de molinos que miran al mar, no ha alterado sustancialmente su fisionomía. Su conjunto de casas blancas y cubicas, sobre fondo azul-cielo, se proyecta como una de las imágenes icónicas de Grecia.

-©fotografía y texto: Alfredo Medina-

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Cap d’Adge

En los años sesenta las autoridades francesas decidieron potenciar la región del Languedoc- Roussillon como nuevo polo de atracción turística. Eligieron una amplia franja costera entre Narbona y Sète, para levantar un gran complejo con hoteles y edificios de apartamentos. En torno al cabo de Adge  y a la laguna de Luno de se construyeron todo una serie de equipamientos, desde un puerto deportivo a un parque acuático. Pero la máxima atracción del lugar son sus largas playas, atestadas de gente en los meses de verano. El paseo kilométrico que las rodea, finaliza cerca de la desembocadura del río Herault. En ese punto hay una prolongada escollera.Bajo las nubes acechantes de una tormenta de verano, grupos de turistas disfrutan de los últimos momentos de la tarde.

Autor de foto y texto: Alfredo Medina ©